
Las zapatillas viajeras
Gijón – El reencuentro
El 26 de Noviembre del 2008 era un miércoles más en la historia de un hombre que en ese momento sufría en silencio los avatares que le habían proporcionado la vida. Al volver del trabajo se sentó como otros días delante del portátil para escribir la entrada del blog que comenzaba así:
“Cuando salía de mi casa esta mañana, el aire gélido invadía la calle y me ha acariciado el rostro con esa frialdad característica del invierno, que al parecer quiere llegar con esa prisa típica del niño, que no puede perderse su programa preferido de la tele.
El termómetro del coche marcaba -4ºC, me ha parecido un despilfarro esa temperatura tan baja. He sonreído al pensar en aquella lata de cerveza que tengo en la ventana de la cocina, y me hace las veces de nevera durante esta transición a mi nueva vida. Seguramente estará más que congelada, lástima anoche no acordarme de ella.
Como otros días he tomado ese camino que me lleva hasta la empresa donde trabajo, aunque previamente debía hacer una corta parada para tomar ese café, que seguramente me quitaría el frío que se había introducido en mi cuerpo…”Finalizaba esa corta historia con estas frases:
-Bueno... tomaré otro café con mis compañeros y daré una vuelta por los blogs de mis otros amigos, para ver que se cuentan, he pensado al llegar.
Cuando por fin he podido hacerlo mi espíritu se ha tranquilizado de nuevo. Leyendo esas historias, puedo sosegar mi ánimo y me da fuerzas para continuar, otro día más.Poco intuía entonces el giro que daría a mi vida en solo unos meses. Los días pasaban uno tras otro como los trenes en una estación. Tan solo esas lecturas que menciono me ayudaban a seguir en pié. Los comentarios a ese texto de uno de mis compañeros de blog Ave Mundi parecían intuir el futuro no muy lejano. Pero en ese momento no acababa de darme cuenta de ello.
“Conozco perfectamente esa sensación que transmites de forma genial con este relato de la cotidianidad, y creo que los dos sabemos, que ese trabajo que te recuerda cada día, y más en estas mañanas de hielo, que somos "bichos terrenales"; pasará como pasa todo. Y se, porque tu lo sabes también muy bien, que la vida te volverá sorprender, pero esta vez con una sonrisa y quizá antes de lo que imaginas.”Quizás el crudo invierno había congelado lo poco que quedaba dentro de mí, impidiendo que pudiera avanzar en la dirección correcta. Ni siquiera sabía entonces cual era el camino que debía tomar. Era más fácil en ese momento dejar pasar los días y las semanas, esperando que las cosas se arreglasen por si solas.
Celia siempre atenta a mis entradas escribió unas frases que me hicieron salir de aquel letargo que mantenía dormidas mis ganas de avanzar.
“Un buen relato. Lleno de sinceridad y con la claridad de las imágenes en cada palabra. La vida está llena de etapas. Tenemos que extraer todo lo bueno que nos brinda cada una. ¿Ves? Si estuvieras todo el día al lado de la persona amada, no podrías darte cuenta de lo que sufres sin ella.”Etapas. Esa era la clave: “La vida está llena de etapas”. Debía considerar mi situación como una etapa más. Extraer lo positivo de ella y seguir ese camino nuevo que me proporcionaba la vida en ese instante. Hasta hacía solo unos meses me había considerado una persona fuerte, segura de si misma. En aquellos momentos dudaba si eso era realmente así. Había cometido errores. No cabía la menor duda. Pero debía aprender de ellos.
"Cuanta razón tienes Celia. No estoy contento de todo lo que me regaló mi etapa anterior, pero he aprendido que cada segundo cuenta. Y también he aprendido a sufrir en silencio por no tener a mi lado a la persona que amé y que todavía ocupa su espacio en mi corazón. Aprendo cada día y no dejaré de hacerlo, porque eso me hará con el tiempo más fuerte y mejor persona y seguramente no cometeré los mismos errores de nuevo."“Con el tiempo”. Pero cuanto debía pasar para que mi vida se estabilizara de nuevo…
Tres días más tarde el 29 decidí empezar a cambiar mi vida. Una libreta y una pluma, fueron los impulsores de ello. Objetos ambos que llevaría conmigo en muchas ocasiones y que serían fieles testigos de otros muchos hechos que me ocurrirían. Tenían además una misión que ni yo mismo sabía todavía …
* * *
Conocer a una persona en la distancia que proporcionan los comentarios de un blog no es suficiente para hacerse una imagen concreta sobre ella. Desde el primer minuto, Celia no defraudó mis expectativas. Ese encuentro parecía más un reencuentro entre dos amigos que se conocen de toda la vida y que han estado un cierto tiempo sin verse. En mi interior algo me decía que esta visita acabaría forjando una verdadera amistad más allá del mundo virtual. La mujer que tenía ante mí desprendía un halo muy especial, casi mágico. Si tuviera que dar una definición de ella diría que es: Elegante, atractiva, culta, inteligente y campechana. Sus escritos además así lo muestran. Desde el primer momento percibo además, que posee un interior muy rico en experiencias de todo tipo.
Tras acomodarnos en el hotel, bajamos para iniciar nuestro primer paseo, que por dos horas nos llevará a tomar un primer contacto con Gijón, de la mano de nuestra amiga.

Gloria y Celia desde el primer minuto se han hecho íntimas y charlan animadamente mientras voy tomando algunas instantáneas de los lugares por los que pasamos, que luego formarán parte de esas “imágenes para el recuerdo” que guardo en otro de mis blogs.
La tarde transcurre con naturalidad. No parece que solo haga dos horas que hemos llegado a la ciudad. Hemos puesto en antecedentes a Celia de nuestro viaje y la conversación mantenida con ella ha acercado aún más nuestros interiores. No pongo en duda que hay una parte, llamémosla espiritual, muy importante en este encuentro. Como diría ella “nuestras Almas se han reencontrado de nuevo”.
Hemos quedado con Jose Luis, su marido para acercarnos a “Las Delicias”. Allí pasamos cerca de una hora hablando de forma distendida mientras tomamos un refrigerio. Unas fotografías dejaran constancia de ese hecho.
Esa noche somos sus invitados y tenemos el placer de conocer de cerca el lugar de “trabajo” de Celia. Unos cuadros en la pared me recuerdan que además pinta. Utiliza para ello una suavidad de colores que da a cada obra un estilo muy particular. Escritora y artista, no se puede pedir más si además brilla con luz propia. Mientras cenamos. Celia y su marido nos hacen sentir como en nuestra propia casa. He de reconocer que hemos tenido una acogida excelente por su parte.

Cuando por fin se hace la hora de volver al hotel sigo sintiendo en mi interior la felicidad que me ha proporcionado ese encuentro. Así se lo comunico a mi mujer y ella confirma haber sentido lo mismo. La noche invita a reflexionar sobre todo lo acaecido. En mis sueños sigo caminando junto a mi amiga mientras una paz interior me invade…
* * *“Particularmente no creo en la casualidad. Tal vez en la causalidad. Es posible que todo sea por algo, y las vivencias de cada cual hacen que completemos el puzzle de la vida. Quizás para conseguir algo tienes que creerte firmemente que lo conseguirás. Y tú mismo has de visualizar la circunstancia tal como quieres que sea. A lo largo de mi vida, me ha "funcionado" muchas veces.”Celia me escribía esto en el mes de Diciembre, cosa que comparto con ella. Creí en este viaje desde el primer día. Un recorrido por una parte de mi vida que atesora momentos felices y otros que lo fueron menos. Estos últimos quedaron atrás definitivamente
Amanece nuestro segundo día en Gijón. La previsión de lluvias se queda tan solo en eso. El sol parece invitarnos a disfrutar de una jornada espléndida. Tras el desayuno Celia aparece puntual en el hotel, vestida con un conjunto verde y unas zapatillas que hacen juego con las que llevo puestas. Un abrazo de amistad compartida es el preludio de un nuevo e interesante paseo que nos llevará a conocer algo más sobre la vida de nuestra amiga y de los lugares que para ella fueron alguna vez importantes.

No hemos andado ni cinco minutos cuando dos jóvenes portando una cámara y un micrófono nos requieren para una entrevista, a lo cual accede nuestra amiga. Mientras contesta a sus preguntas con esa naturalidad que la caracteriza, “atrapo” el momento con mi cámara. Los tres nos reímos por el oportuno hecho acaecido y seguimos caminando por unas calles que a esa hora ya muestran el bullicio de la gente en las terrazas y los cafés por los que vamos pasando.
Llegamos al puerto que presenta marea baja, donde Celia nos explica los pormenores de alguno de los edificios cercanos. Desde allí subimos al Cerro de Santa Catalina, una colina desde la que se divisa toda la ciudad. Antiguo acuartelamiento, el ayuntamiento recuperó esos terrenos en el año 1982. En su cumbre, abriendo sus brazos al mar, se puede contemplar una vanguardista escultura de Chillida. "El elogio del horizonte", que se ha convertido en el símbolo de la ciudad de Gijón.

El sol nos permite ponernos en “manga corta”, mientras bajamos por el otro lado con dirección de nuevo al centro. Pero antes hemos de hacer un alto en el paseo para disfrutar de una buena comida. El lugar elegido nos permite contemplar durante todo el tiempo ese mar ahora en calma.
Aprovecho ese momento para entregar la libreta de tapas imitación a piel, junto con la pluma que he llevado todo el tiempo conmigo, a Celia. Le invito a escribir algo en ella, a lo que accede con una sonrisa.
"Ayer, día 7 de abril he reconocido a dos amigos. Y digo reconocido porque mi sentimiento y mi Yo, sabían de su energía. Hoy hace Sol en este lugar junto al mar y me siento feliz al saberme parte de un Todo de los que formamos parte estas estrellas que vivimos en el firmamento de la Esperanza.
Es bueno cambiar impresiones y palpar sentimientos. Es bueno ampliar el horizonte con esos barquitos que viajan acá y allá, que van y vienen."
Un besoA diferencia de aquel relato cuyo título era “Deseos y paseos que el tiempo no quiere parar”. Hoy, con la cámara al hombro, si somos turistas en una ciudad que a pesar de todo, no nos parece extraña, porque la persona que nos acompaña nos hace sentir en ella, como si fuera la nuestra.
Me viene a la mente algo que escribí entonces, en esa libreta marrón y que decía:
“… El tiempo transcurría sin parar aunque él lo deseaba con toda su alma… Cerró los ojos y dijo: Deseo que esto nunca se acabe, ¡que el tiempo se pare!...”Las circunstancias en las que escribo esa frase son ahora similares. El tiempo parece hacerme caso y nos permite disfrutar de cada segundo que pasamos junto a Celia.

Otra vez de nuevo en la calle, para volver sin prisas al centro de la ciudad. Pasamos por el colegio donde estudió de pequeña. Un edificio con aspecto de “castillo”. Alguna anécdota sobre monjas y continuamos hacia la plaza del ayuntamiento y desde ella de nuevo al Paseo de Begoña que nos llevará de vuelta a nuestro hotel. Una vez en él decidimos visitar el parque de Santa Isabel, situado frente al edificio donde reside Celia. Un precioso lugar con un gran lago artificial donde residen una gran variedad de aves acuáticas.
Durante cerca de una hora paseamos por ese bello y tranquilo lugar. Me alejo de las dos mujeres para tomar buena cuenta con la “Canon” de algunas imágenes insólitas. Mientras tanto reflexiono sobre el enfoque que quiero dar al libro que en estos momentos estoy escribiendo. No puedo obviar que este viaje es muy especial para mí. Aunque ya he andado parte del camino todavía me queda mucho por recorrer. Hice caso a mi interior cuando me “propuso” esta experiencia. Por alguna razón estaba en lo cierto. Poco a poco se ha tejido alrededor nuestro una red formada por hilos invisibles que lejos de atraparnos en ella, ha contribuido a unir a algunas personas con cierta afinidad.
* * *En la distancia avistamos a José Luís, que camina junto a su perro. Celia saluda al hombre y llama al animal, que en un principio no atina a encontrar a su ama. Una vez lo hace y llega junto a ella, la honra a su propia manera dando saltos de alegría. Un momento divertido que no dudo en recoger con mi cámara. Recuerdo una graciosa frase de una entrada en su blog que habla sobre un paseo con su perro.
“Un hombre, bien parecido; de mediana edad; se acerca, en sentido contrario a nosotros, y nos mira a mí y a mi acompañante; sí...sí, en ese orden; con ojillos de no sé qué…”Nos unimos a su marido para después continuar nuestra andadura hasta la Sidrería de Fernando un ex camarero del Molinón que nos atiende con esa hospitalidad que caracteriza a esta buena gente.
Una cena para recordar. En un momento de la misma Fernando pone sobre la mesa la tan ansiada Fabada Asturiana que no habíamos tenido ocasión de probar todavía. Un detalle de José Luís que en todo momento se muestra solícito ante nuestros deseos.
Historias que se cuentan solas. Como aquellas en su día anónimas, narradas ahora por caras conocidas. Una amistad que se comparte. Mientras miro y busco, pienso en mi propia historia. Unos amigos, que han decidido pasar una velada juntos, para conocerse un poco más.
Unos cafés y la despedida para el amable dueño del local. Algún día volveremos también aquí. En el exterior, una luna se muestra casi en plenitud. Paseamos los cuatro hasta nuestro coche. La tranquilidad invade a esa hora las calles. Una despedida y un “hasta mañana”.
Ultimo día en Gijón. Pero todavía nos espera alguna sorpresa…